En primer lugar, identificar, caracterizar y esclarecer algunos de los debates que rodean el fenómeno de la globalización.
Los efectos más generales de la jubilación tienden a forzar a las políticas educativas nacionales hacia un marco neoliberal que hace hincapié en los impuestos más bajos; reducir el sector estatal y hacer más con nenas; promover políticas de mercado para la alternativa escolar (especialmente las vales); la gestión racional de las organizaciones escolares; evaluación del rendimiento (exámenes); y la liberalización con el objetivo de alentar nuevos proveedores (incluyendo a los proveedores de internet) para las servicios de la educación.
En el nivel político, una constante ha sido la restricción en la formulación de la política nacional/estatal que seguir, planteada por ias exigencias externas de instituciones transnacionales. Sin embargo, esto ha ocurrido al mismo tiempo que el intercambio y la coordinación económicos se han vuelto cada vez más regulados, y, mientras que surgen instituciones más fuertes para regular la actividad económica global, también se produce con la glabalización una creciente internacionalización del contlicto, el crimen, el terrorismo y los temas medioambientales globales, pero con un desarrollo inadecuado de instituciones políticas que se hagan cargo de estos problemas. Aquí, una vez más, las instituciones educativas pueden jugar un papel fundamental a la hora de tratar estos problemas y la compleja red de consecuencias humanas deseadas y no deseadas que ha sucedido al crecimiento de las compañías, la movilidad, la comunicación y la expansión globales. En parte, esta conciencia puede ayudar a fomentar una noción más crítica de lo que la educación para la ciudadanía mundial requiere.
Por último, los cambios globales en la cultura afectan profundamente a las políticas, las prácticas, y las instituciones educativas. Especialmente en las sociedades industriales avanzadas, por ejemplo, la cuestión del multiculturalismo adquiere un significado especial en un contexto global. ¿Cómo puede el discurso del pluralismo liberal, que ha sido el marco dominante para la educación multicultural en las sociedades desarrolladas -para aprender acerca de otros que son diferentes, como una forma de convivir con ellos y coordinar la actividad social con ellos, dentro de un pacto de tolerancia y respeto mutuos- extenderse a un orden global en el que el abismo de las diferencias se hace más grande, el sentido de la interdependencia y el interés común, más atenuado, y la base de afiliación (si es que esta existe) más abstracta e indirecta? Con las crecientes presiones globales sobre las culturas locales, ¿es asunto de la educación ayudar a preservarlas? ¿Cómo debe la educación preparar a los estudiantes para tratar con los términos de conflicto local, regional, nacional y transnacional, si las culturas y tradiciones, cuyas historias de antagonismo pueden haber sido mantenidas parcialmente en suspensión por estados-nación fuertes y superiores, se desatan cuando estas instituciones pierden parte de su poder y legitimidad? En la medida en que la educación puede ayudar a mantener el desarrollo evolutivo del individuo y, en un nivel más general, la formación de identidades, ¿cómo puede el multiculturalismo, como movimiento social, como educación ciudadana y como filosofía anti-racista en el currículum, intervenir en las dinámicas de conflicto social que surgen entre las transformaciones globales y las respuestas locales?
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